Las olas de calor cobraron un precio mortal este verano

 

Gráfico del cambio climático y tiempo extremo

Este gráfico, creado por la EPA y usado en este artículo por CNN, lo hace fácil entender cómo se está aumentando la temperatura promedio y cómo el tiempo cálido extremo es más común.

Las olas de calor cobraron un precio mortal este verano

Por Philip Finkelstein

Con el término “cambio climático” más usado que “calentamiento global”, a veces es fácil pasar por alto uno de los cambios claves que podemos esperar: el calor extremo. Este verano, olas de calor devastadoras cruzaron por todo el hemisferio del norte. Desde Japón a Canadá, a lo largo de Europa y los Estados Unidos, las temperaturas extremas les han quitado cientos de vidas.

Eventos meteorológicos extremos, incluyendo las olas de calor, son cada vez más frecuentes en respuesta a los crecientes niveles de gases de efecto invernadero que aumentan la temperatura promedio del superficie de la Tierra. El enfriamiento periódico y las condiciones atmosféricas desacostumbradas pueden todavía ocurrir, pero en agregado, el globo se está calentando a una velocidad alarmante. Este verano no fue una excepción a esta tendencia. Con olas de calor récord en cuatro continentes, y un año de La Niña más caliente jamás documentada, 2018 es prueba irrefutable del pernicioso impacto del hombre en el planeta.

Mientras que la tierra se abrasa por los incendios forestales desenfrenados que consumen el Noroeste Pacífico, el calor extremo ha sido asesinato también. Olas de calor en todo el territorio continental de los Estados Unidos causaron temperaturas consistentemente más arriba de 90 grados Fahrenheit durante el mes de julio, poniendo en peligro hasta 100 millones de estadounidenses. Desde Nueva York a California, docenas de personas recibieron golpes mortales debido a la crisis de calor. Cuando no reciben atención médica adecuada, los golpes de calor pueden ser fatales, especialmente con los ancianos, los muy jóvenes, o los que padecen de enfermedades del corazón o los pulmones. Aún peor, estos problemas se agravan en comunidades pobres, donde el calor afecta más a las personas sin los recursos o el refugio para mantenerse frescas.

Al norte, más de 70 personas en Canadá sucumbieron a temperaturas superiores a los 95 grados Fahrenheit en el área de Montreal. En Europa este verano, países como España y Portugal enfrentaron sus propias olas de calor. Con temperaturas frecuentemente acercándose a 115 grados Fahrenheit, las proyecciones de los números de muertos son inquietantes dado que una ola de calor similar en 2003 era responsable para la muerte de aproximadamente 70,000 europeos.

Japón tampoco era inmune al pandemonio, experimentando su día más caluroso jamás recordado — a unos 106 grados Fahrenheit en la ciudad de Kumugaya, 40 millas afuera de Tokio, donde al menos 44 personas perecieron. El Circulo Ártico también llegó a temperaturas altas, lo que sorprendió los países de Escandinavia mientras que apuraron para luchar contra incendios forestales sin precedentes chispeados por las temperaturas de 90 grados. Aún secciones de la África marcaron récords, en el 5 de julio en Ouargla, Algeria, donde la temperatura subió a unos asombrosos 124 grados Fahrenheit.

Aún así, el peligro no se queda solamente en el hecho de que el tiempo más caluroso contribuye a más golpes de calor y más muertos por la exposición. La temperatura aumentada ha sido relacionada con reducciones en el funcionamiento cerebral, lo que causa una menor productividad en el trabajo y un mayor riesgo de accidentes vehiculares fatales. Un reciente estudio en los Procedimientos de la Academia Nacional de las Ciencias muestra que temperaturas más altas llevan a una disminución en los esfuerzos por los trabajadores de la seguridad pública y los reguladores gubernamentales. Esto significa que durante los tiempos de alto riesgo, las instituciones políticas están en su punto más débil – un hecho bien deprimente mientras que la tendencia del calentamiento global sigue hacia arriba.

Este fenómeno global de calor extremo está poniendo 2018 en marcha hacia el cuarto año más caluroso en el registro, solo seguido por 2015, 2016 y 2017. Esto debe servir como una advertencia sobre lo que está por venir si no hacemos nada para mitigar el calentamiento antropogénico. “Los impactos del cambio climático ahora no son sutiles”, notó Michael Mann, un científico climático y el director del Centro de Ciencias sobre Sistemas Terrestres a la Universidad Estatal de Pennsylvania. “Los estamos viendo desarrollar en el tiempo real, en forma de las olas de calor, las inundaciones, las sequías y los incendios sin precedentes. Y los hemos visto todo este verano”, dijo. Se deben legislar soluciones como Dividendos Energéticos pronto para atacar el raíz de este problema ardiente de la humanidad.

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Originalmente de Vermont, Philip Finkelstein reciente recibió en Ciencias Políticas en la Universidad de Columbia Británica. Tiene una profunda pasión por la escritura y un deseo de lograr un cambio signficativo.